La lluvia moja el exterior
sonando un gotear dulce en calles vacías.
El río de almas
que corre entre las sombras del día
no logra calmarme en mi retiro.
Cierro las ventanas y me escondo bajo mantas del pasado.
Temo que los relámpagos sean un castigo.
Me guardo en la oscuridad intemporal
evitando las pozas del olvido.
Por descuido, la puerta se bate con violento ruido.
Aunque ahora esté cerrada,
mi puerta no me protege
de las lagrimas que se caen aquí.
Ninfa Negra
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