Mostrando las entradas con la etiqueta Musa Malva. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Musa Malva. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de mayo de 2007

La Musa Malva

Nunca es verdad lo que decimos sobre nosotros. Siempre elegimos lo que queremos que otras personas conozcan sobre nuestra personalidad. Lo que puedo decir de la mía - sea verdadero o no - es que soy extraña. Siento conforto cuándo escribo en otra lengua pues puedo esconderme mejor, puedo fingir mejor, pero puedo también decir lo que pienso sin amarras o sin juicios. Las palabras salen diferentes, con otro sonido, con otros significados, alcanzando, tal vez, otras sensaciones.

Soy como una especie de hierba cualquiera. Poseo algunos principios propios, como aquellos que hacen con que la planta sea reconocida aquí o en cualquier parte del mundo: el olor, el formato de las hojas, la calidad de la savia que corre dentro del tallo. En mí, las cosas que no se cambian son aquellas como el color de los ojos, o el formato de la boca, y aún la sangre roja que pasa por las venas llevando el código genético, tanto físico como psicológico.

Porque todo lo que resta es en absoluto cambiante, como lo es también la hierba, que depende de las condiciones del medio para brotar y crecer. Todo lo que en mí es cultural se construye todos los días, pues me alimento de letras, sonidos, imágenes y otras cosas que hacen con que mi personalidad sea siempre un reflejo filtrado del que llega hasta mí por el camino que la arte recorre.

Por eso es tan difícil decir quién soy yo, por eso es imposible para mí quedarme en el mismo lugar por mucho tiempo, por eso no puedo dar garantías de mis sentimientos a nadie, por eso no necesito (como mucha gente...) mostrar a los otros que soy quién soy, pues yo misma no lo sé. Mañana puedo pensar diferente, podría aún, escribir esto con palabras muy diversas. Mañana la luna ya es otra, con menos luz de este lado do que hoy, y más alumbrado del otro lado que ayer. Pues yo, lo que es seguro que sepa, es que soy su hija.

viernes, 27 de abril de 2007

La palabra y la flor

La hoja de papel blanca y cuadrada es casi siempre un mundo entero. Un mundo que es, si, redondo, pero moldease como, por ejemplo, una bola de barro. Una de aquellas que pueden ser cambiadas en platos, donde se pone la comida, que nutre; o en vasos, donde se pone el agua, pero también el vino, que tontea el cuerpo y alimenta los sueños...

La bola, aún, puede convertirse en una maceta, cuya utilidad es poner flores... Una sola que sea puede hermosear una vida toda. El adorno busca los ojos para si por el formato de la hierba, perfecta, con sus pétalos y hojas dibujados por manos distintas de las humanas. Las flores cautivan los ojos también por sus colores algunas veces mezclados, otras tan fuertes que traen aflicción a la visión. Otras, aún, tan delicadas, leves y suaves que atraen la más hundida y sencilla ternura esencial de los mortales.

La hoja de papel blanca y cuadrada puede servir para las mismas funciones que la bola de barro. Pero cuándo aquella ocupa el sitio de sostener palabras como la maceta sostiene flores, la magia y el encanto son casi los mismos. La diferencia es que las palabras fueron hechas por manos que siempre se equivocan.

La Musa Malva

viernes, 20 de abril de 2007

Nuestra historia

El encuentro de seres que presenten determinadas afinidades es algo muy raro. Cuando esto se sucede hemos que recibir este encuentro como un regalo del Universo.

La existencia de estas afinidades excesivas entre nosotras fue lo que suscitó este blog. Con la finalidad primera de estudiar lenguas juntas – el inglés, por supuesto – el destino nos presentó la posibilidad de conocernos al fondo y descubrir transformaciones más complejas que simplemente hablar sobre nuestros sentimientos, pero hablar sobre ellos en una lengua extranjera.

Al final, extranjeros son los sentimientos, extranjeros son las sensaciones, extranjeros los pensamientos, extranjeras son las personas que no soportan vivir como si la vida estuviese lista, como si no pudiéramos cambiar nada.

Escribir en una otra lengua es solamente un detalle. Y un escudo! Como si fuera una poción, un encanto, un hechizo tal vez, como lo quiera llamar, pero algo con que nos podamos defender. Defendernos de nuestros propios sentimientos, o tal vez nombrar cosas diferentes que en nuestra lengua materna sean muy feas. Sentimientos considerados ilegítimos – pero humanos y existentes – que dividen espacio con otros que ennoblecen el hombre.

Por eso nos llamamos brujas. No porque somos malas, pero porque queremos salir del refugio hipócrita donde vivimos como mujeres “casi” comunes. Personas que necesitan fingir actitudes que no son propias, para que consigan convivir con la sociedad común.

Las brujas son personalidades ambiguas. Poseen conocimiento para destruir o para salvar. Conocen las hierbas y las ramas, los arboles y las flores, pero también conocen la luna, el sol y el mar. Respectan los caminos que la naturaleza indica. A pesar de las brujas existieran en el mundo real, sólo los mitos nos pueden mostrar la verdad, ésta que no participa del cotidiano habitual de nuestra vida, ésta que se oculta de los ojos ajenos.

Las ninfas y las musas, seres criados a partir de la imaginación del hombre – pero existentes en sus sueños – son las imágenes que tomamos para presentarnos. Dulce en la mitología, la ninfa de aquí es negra, sin colores, como si estuviera en un espacio ausente. Inspiración para poetas, la musa es malva, mistura del rojo, color encarnado y el azul, color frío, señalando las ambigüedades que producen las brujas.

La Musa Malva