domingo, 6 de abril de 2014

La escalera

Las puertas estaban abiertas de par en par. De dentro salía una espera ciega cuyos ojos negros nos vigilaban de todos los sitios. Entramos en el amplio salón. El eco de nuestros pies saludaron el silencio. Nos miramos un al otro temerosos. ¿Y si ecos pudieren despertar espíritus dormidos? Algunos palomos se manifestaron y después todo se quedó tranquilo otra vez.

Fuimos verificar la escena del crimen. Polvo y las canciones de la madera del piso nos siguieron por el camino: muchos sonidos, pero ningún espíritu.

El hecho se había pasado en la escalera. Comprobamos lo que nos dijeron: después del misterioso asesinato, la mácula seguía allí y, aún que hoy fuera negra, sabíamos que había sido roja. Era la única señal que un día hubo gente subiendo o bajando en muchos años.

Salté los peldaños sucios con escalofríos en la nuca. Miré hacia atrás procurando por ella. Mararía percibió mi miedo al tomarme por la mano. Las mías temblaban. Las suyas estaban frías. Su sonrisa condescendiente me calmó y sólo así fui capaz de subir hasta el segundo piso.

Mararía me conoció en la ciudad y querría ver el lugar del mito. Había algo sensual en su pedido. Una promesa no dicha me hacía suponer una esperanza. ¡Claro!, de pronto acepté participar de la aventura.

El edificio se quedaba en el alto de un monte, aislado del pueblo por senderos de tierra y por un puente sobre un río. Alcanzamos las ventanas quebradas del segundo piso donde se vía toda la ciudad aún dormida. A pesar del fin de la madrugada estar cerca, las lámparas todavía trabajaban para ahuyentar el miedo de la población. Nadie salía tan temprano por las calles desde que mataran al chico en el almacén abandonado.

Nos besamos después que ella agarró mi mano. No más había mundo cuando nuestros cuerpos se buscaban sedientos. Para mi tristeza, ella me pidió para interrumpir lo que hacía porque había oído algo. Yo - frustrado - estaba seguro que era una rata o otra paloma, pero no. El sonido era de alguien subiendo las escaleras. Nos vestimos a toda prisa y nos escondimos atrás de un montón de cajas vacías.

Los pasos secos subían la escalera: un escalón por vez. Dos pisadas, un escalón. Dos pisadas, otro escalón. Conté cada peldaño hasta comprender que estaba casi en el segundo pavimento. Mi corazón latía feroz, pero yo debería transmitirle tranquilidad a mi joven compañera y abracé su cuerpo frío sin me importar cuando ella ocultó su cara en mi pecho. Me torné el hombre más importante del mundo al protegerla.

De donde estábamos podríamos ver la llegada de quienquiera y, en la penumbra, por un rato no vi a nadie. Guiñé varias veces para poder percibir el bulto del hombre con bota de montar. Su aura era sobrenatural y emanaba terror. Estreché mis brazos alrededor de mi compañera y susurré en su oído para no hacer ruido.

Al mirar otra vez en la dirección de la escalera, el hombre no estaba allá. Lo procuré por la vivienda para encontrarlo cerca de la ventana. La poca luz de la madrugada se acabando reveló una cara blanca, labios pálidos y mirada muerta que luego encontraron mis ojos. La aparición me sonrió maligno enseñando dientes amarillos. Pestañeé más una vez para certificarme que había visto sus ojos sobre los míos y luego su cara surgió ahí, junto de la mía.

¡Grité como loco! cuando su mano huesuda acarició el pelo rubio de mi compañera. Ella se asustó y nos alejamos. Fue el pavor que me hizo agarrar la mano de Mararía para arastrarla. En algún momento, antes que yo pudiera alcanzar la escalera, nuestras manos se desataron.

Volví para atestiguar con horror cuando el fantasma envolvió - posesivo - el cuero inerte de mi Mararía. Los ojos de los dos fijos un en el otro. Aseguro que intenté resgatarla, pero el miedo fue mayor, y aumentó aún más cuando las manos repugnantes del monstruo apretaron el cuello de la chica. Mararía cayó en el suelo, me pareciendo frágil, muerta, perdida...

El hombre fantasma desapareció. Sólo oí sus botas de montar, como si caminasen en mi dirección. No había tiempo para mirar hacia atrás.

Me precipité por la escalera. Casi caí al pisar en la mácula de sangre seca.

Dejé el almacén a gritos, sintiendo la sombra del fantasma de botas persiguiéndome. Sólo me sentí seguro otra vez al alcanzar el puente. Ya en la ciudad, entré en el primer ómnibus para lejos del maldito lugar y jamás volví.

Aún me acuerdo de Mararía, que me llama desde mis sueños en noches frías...
__________

Desde el segundo piso del almacén la mujer desfallecida se despertó sola. Caminó hasta la ventana para observar el bulto del hombre que dijo que le amaba atravesar el puente.

- ¿No lograste recuperarlo?

- No - el fantasma le respondió.

Ella suspiró.

- Tal vez mañana yo logre traer alguien con coraje, como el chico de aquél día.

- ¡Ay! Coraje ha sido demasiado escaso hoy día... - él le contestó.

- Ven. Vamos dormir. Es casi día - ella le extendió la mano y los dos desaparecieron con un beso.
 Ninfa Negra. 
05/04/14.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario