Las hijas del sol son rubias,
lucen la belleza del ánima.
Las de la luna son plateadas,
entorpecen la razón en las sombras
y libertan la sensibilidad.
Las hijas de la noche
acarician ojos ajenos con sus mantos
y adormecen los espíritus fatigados.
Las de las estrellas brillan fugaces
hasta desaparecer en un sueño.
No se sabe si los oráculos tienen hijas,
además de las oscuras profecías.
Y hay las ninfas.
La mayoría cuida la naturaleza.
Algunas danzan bajo la luz lunar
y desaparecen si sorprendidas.
Todas inspiran a poetas.
Ni todas las ninfas son negras.
NN
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